Ninguno, cuando es tentado, diga que Dios le tienta; por que Dios no puede ser tentado por el mal, ni él tienta a nadie.
Sino que cada uno es tentado, atraído y halagado por la propia concupiscencia.
Después la concupiscencia en llegando a concebir, pare el pecado, el cual una vez que se ha consumado, engendra la muerte.
Por tanto no os engañéis hermano mios muy amados.Toda dádiva preciosa y todo don perfecto de arriba viene, como que desciende del Padre de las luces, en quien no cabe mudanza, ni sombra de variación.
Porque de su voluntad nos ha engendrado con la palabra de la verdad, a fin de que seamos como primicias de sus criaturas.
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