¿Quién podrá decir que una cosa sucede sin que la disponga el Señor? ¿ No es de la voluntad del Altísimo de donde proceden los males y los bienes? ¿Por qué, pues, ha de lamentarse el viviente? Laméntese más bien cada uno de sus pecados.
No se inquieten por nada; más bien, en toda ocasión, con oración y ruego, presenten sus peticiones a Dios y en toda oración denle gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, cuidará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús.
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